miércoles 28 de diciembre de 2011

Yo lo llevo, tu te lo pones



Siempre me he preguntado qué piensa un hombre cuando está a punto de tener sexo con una mujer y ésta se le adelanta y saca un condón  de su cartera. Tampoco sé qué tan normal es que una mujer cargue sus preservativos y sea la de la iniciativa de usarlos, pero por los gestos que he visto tanto en hombres como en mujeres cuando he sacado un condón de mi billetera así sea molestando en una reunión, pareciera ser algo poco común todavía.


Aunque no sé qué pasa por sus cabezas, intuyo que la reacción dependerá del tipo de hombre y del tipo de relación que se tiene con él: debe existir un tipo de persona tradicional, conservadora y machista que considera que si una mujer lleva consigo un condón es porque anda repartiendo cuca al primero que se le aparece o que lo carga porque está “pringada” y le puede pegar algún bicho que le hará caer el pipí; Aparte de eso, es posible que el hombre al que se le invite a usar el preservativo piense que se le está faltando al respeto o que es una falta de confianza.

Por otro lado, también debe existe el tipo que asume que sacar el condón es indicio de que la mujer viene “lista para la acción” y por lo tanto necesitará menos seducción y juego previo para humedecer el ambiente. Eso sí, cuando se ha tenido que suspender todo por no haber llevado condones es tan frustrante para ambas partes que los dos internamente se lamentan el no tenerlos y es posible que incluso él habría asumido que ella también llevaba.



Indudablemente, existen mujeres que guardan un condón porque no confían enteramente en su pareja sexual del momento, o porque tienen una ETS (que tampoco es que sea lo más extraño del mundo), o que lo haya metido al bolsillo porque sabía que esa noche follaba. Todas esas son posibilidades válidas que pueden surgir en algún momento pero que no deberían ser determinantes para catalogar –en este caso- a una mujer, ni para pensar la peor versión de ella.

No creo que sea difícil dejar de considerar como a una cualquiera a la mujer que saque el condón, ni creo que sea muy difícil empezar a pensar que, así como el hombre lo compra, lo lleva y se lo pone para la protección de la pareja, la intención de la mujer es la misma y no es indicativo de ser una cualquiera. Y es que si el método anticonceptivo (hormonal) es principalmente asunto de la mujer, el preservativo también lo tiene que ser, porque nosotras no sólo no queremos embarazos no planeados, nosotras queremos –y debemos- practicar sexo seguro. Es por eso que, a estas alturas de la humanidad y con tanta vaina rara que se esparce por los fluidos corporales y por los medios de comunicación, mantenerse con un paquetico de condones en la mesa de noche o en la cartera debería ser tan común y tan bien visto como lavarse los dientes y ponerse el cinturón de seguridad.

miércoles 21 de diciembre de 2011

Historias, perversiones y una noche larga

-¿Hasta aquí llegamos entonces?- preguntó Alejandro en forma retórica pues no quería que ella le confirmara lo que tanto temía.

-Sí, ninguno de los dos se merece seguir así... lo nuestro ya no es amor ni felicidad, sólo dependencia y es mejor que se acabe ahora. Lo siento...  Le dijo ella como tratando de suavizar la cruda realidad.

Pero tanto él como Catalina sabían que la verdad era que desde hacía mucho tiempo el amor se había desvanecido entre la cotidianidad, la comodidad y la falta de respeto cuando peleaban, lo cual ya era más recurrente que las demostraciones de afecto .

Y es que luego de varios años juntos, ellos habían cambiado pero la pareja no se había adaptado a lo nuevo; había una decepción latente por haber despertado del idilio, de ver cómo era en realidad la persona con la que convivían. Y no habían terminado antes principalmente por miedo ya que no sabían quiénes eran sin el otro, la identidad individual se había perdido, y se habían convertido en una masa amorfa donde no se sabía en donde terminaba uno y  empezaba otro; habían pasado por muchas cosas juntos, se conocían sus mañas, sobre todo con respecto al sexo; y tanto se conocían que no se encontraban nada nuevo, la rutina había ganado sobre el deseo.

Ambos sabían que continuar era un error que pagarían caro si no se hacía cuanto antes, por eso en esa última conversación se dijeron adiós y se sacaron mutuamente de la vida. La tusa sanó porque tenían motivos para no seguir juntos y porque se dieron cuenta que en realidad ya no los unía el amor.

Pasaron las semanas, los meses y entre ellos las parejas. Algunas no pasaban de una noches y otras se volvían formales por un tiempo.

Pero un día, cualquier día,  se volvieron a encontrar de esa forma como sólo el humor negro del destino podría juntarlos. Tal vez por efecto del verano no se les vinieron a la mente los momentos románticos que alguna vez vivieron, ni las peleas que los separaron; ella recordó el sabor del sudor de los dos mezclados y en los oídos de él resonaron de nuevo los gemidos de ella. Y esos recuerdos no se alojaron en el corazón en forma de nostalgia, sino que se dirigieron inmediatamente entre sus piernas.

Aunque la conversación en apariencia parecía la más normal del mundo, si hubieran tenido un termómetro en la ropa interior y un Lector de Pensamiento, ésta habría sido más o menos así:

-¡Hola Caty! ¡Qué bueno verte !-
¡Uy¡ ¡esta mujer está más buena de cómo la dejé!

-¡Alejo! ¡¿Cómo estás?! ¿Qué cuenta tu vida?-
¡Dios mio! Huele delicioso… y esa barba… ¿me habré depilado?

-Pues que te cuento Caty: ya no vivo acá, me trasladaron del trabajo para otra ciudad… apenas me estoy acomodando, pero estoy contento…-
Me retumban sus gemidos, me la quiero comer… ¿tengo condones? ¿Será que la invito al hotel? ¡¿Cómo le digo?!

-Que bueno, me alegro mucho por ti. Yo ya estoy terminando el Master…
No vive acá, o sea que me lo podría comer y como si nada… ¡Dios mío!, me acabo de mojar… ¿Cómo hago para que me invite al hotel sin que yo le tenga que decir algo…

-¿Qué vas a hacer ahora? ¿Ya comiste?
¡Que diga que si!... ¿Se me estará notando la parola?

-Pues no tengo mucha hambre, pero dale, vamos…
Parece que esta noche voy a comer muchas veces…

Comieron entrada, fuerte y postre. Luego ella invitó a unos tragos que se volvieron los suficientes para aflojar prejuicios y una mano mal puesta inició un manoseo impetuoso por debajo de la mesa a tal punto que se tuvieron que ir porque Catalina no podía silenciar sus caras de placer, esas que tanto lo excitaban a él. En el taxi era todavía más difícil disimular y la carrera se les hizo eterna, incluso se sintieron perversamente excitados cada vez que pillaban al taxista voyeur morbosearlos por el retrovisor.

Revolcaron esa cama como aquella vez que ya no recordaban y se sorprendieron al ver los nuevos trucos que habían aprendido con otros; sus cuerpos eran diferentes, sus olores no. Les fue fácil navegar por el cuerpo de su pareja porque recordaban trucos que además refinaron en encuentros venideros: a Alejandro le gustaba que ella le clavara las uñas cuando él estaba encima, que le dijera qué tanto le gustaba lo que le estaba haciendo y que cuando se lo estuviera mamando, le cogiera la verga con ambas manos también; a Catalina le mataba que le lamiera el cuello y las orejas, le gustaba someterlo poniéndose arriba y que Alejandro le mordiera los labios cuando le estaba haciendo sexo oral. Era como tirar con un extraño que sabía exactamente qué le gustaba al otro, por dónde y qué tan duro.

Durante toda la faena evitaron mirarse a los ojos para evitar engancharse en el calor del momento. Llegaron juntos al orgasmo, cosa que había pasado casi nunca en todo el tiempo que tuvieron de relación; y al final terminaron tan cansados y satisfechos, que se quedaron dormidos sin arruncharse. Se levantaron un par de veces más para aprovechar el mañanero hasta que Alejandro tuvo que irse al aeropuerto. Al despedirse, lo hicieron como tratando de no demostrarse que les gustaría repetir en algún momento, pues en el fondo sabían que era mejor dejarse sorprender por el destino. El deseo que sus cuerpos mantenían les indicaría si estarían juntos otra vez, igual, se conocían sus perversiones, y ya no les importaban las historias pasadas, sino pasar una noche larga. 




lunes 12 de diciembre de 2011

SEXO FALLIDO



Entre las muchas anécdotas que se comentan los lunes, no falta la que habla del sexo fallido. Cualquier amigo cercano o compañero de la oficina o incluso uno mismo tiene su historia sobre esa vez que no pudo tener sexo a pasar que ambos querían. Y es que tener ganas no es suficiente y a veces parece un juego sucio del destino no poder comerse a alguien; pasa de todo: el celular se queda sin batería, la llanta se pincha, lo del almuerzo le cayó mal... Cualquiera puede ser una justificación, pero la excusa que no tiene por qué existir es que ninguno tenga condón.

Conozco la experiencia que dos amigos de muchos años se encuentran luego de algún tiempo sin tener contacto. Apenas se ven, se dan cuenta que la distancia los ha vuelto sumamente apetitoso el uno al otro y aunque el reencuentro es para ponerse al tanto de sus vidas, en determinado momento de la noche el deseo de probar los labios del otro se vuelve implacable.

Al principio los besos y la manoseada son algo tímidos pues temen encontrarse con la frase cliché de “no dañemos lo que tenemos”, pero en cuanto se percatan que lo que ambos quieren es comerse, la respiración empieza a agitarse y las manos comienzan a recorrer zonas que van más allá de la amistad. Cuando el ambiente ya está lo bastante húmedo y la ropa en los cuerpos ya es escasa, uno de los dos pregunta si hay condones y la respuesta es “¡NO!”.

Como a este par de personajes, la gran mayoría (por no decir a todos) de los sexualmente activos ha pasado por esta situación. No llevar consigo un condón es suficiente para bajar la arrechera a paupérrimos niveles y posible causa de sequedad instantánea puesto que esa falta implica que no va a haber coito esa noche o por lo menos hasta que llegue el domicilio.

Aunque es casi inconcebible que a estas alturas de la humanidad las personas no carguen un condón en sus billeteras, lo que sí es cierto es que la protección prima ante el deseo. Estos amigos lograron hacerlo, se aguantaron las ganas, tuvieron deleitables juegos preliminares y terminaron teniendo un polvo memorable, y es comprensible ya que tarde que temprano, si dos personas están locas una por la otra, la excitación vuelve y renace. Lo importante es aprender la lección para no quedarse con las ganas y hacerlo deliciosamente protegidos.

miércoles 7 de diciembre de 2011

ARRIBA, ABAJO, AL CENTRO Y PA' ADENTRO!

Cuando se hace el trabajo consciente de examinar qué es lo que hace rico a una follada, es fácil percatarse que independientemente del lugar donde se ha hecho y de la forma como se hizo, lo principal es cómo se expresa el deseo por el otro, y si a eso se le agrega una adecuada agarrada de pelo y una buena acomodada de pierna, pues el resultado es una alta probabilidad de satisfacción. 


Sugiero entonces lo siguiente para exprimirle todo el deseo a cada posición utilizando para ello  lo que tengamos al alcance, especialmente el resto del cuerpo y los sentidos:  


En las posiciones donde la mujer está abajo, es importante que ésta se acomode de tal forma que durante la penetración haya roce con el clítoris, por ejemplo abrazando con las piernas a su pareja, lo que le ayudará a alcanzar con más facilidad el orgasmo. Desde la perspectiva del hombre, este tipo de posiciones facilitan una completa introducción del pene, por lo que resultan bastante estimulantes. Si se abraza a la pareja, se pueden oler las hormonas, escuchar la respiración y los gemidos; si se separan, pueden mirar cómo se penetran y escuchar ese sonido que produce por la lubricación, logrando así, que el simple y monótono misionero genere sensaciones inimaginables. 


Si están al revés, es decir la mujer arriba del hombre, ésta puede ser un poco más excitante para ella ya que hay mucha más estimulación en el clítoris (no solo por la sensación de someter al hombre) y él se puede volver loco viéndola tomar una actitud activa y disfrutar de eso. En estas situaciones, es muy excitante si no se le deja hacer nada al hombre, sólo permitirle disfrutar del arte de observar. La mujer se puede voltear y ahí las manos del hombre entran a jugar un papel importante tocando puntos en la espalda que aumentan la sensación de placer, por supuesto una que otra nalgadita nunca estará de más. 


Las posiciones donde el hombre está dando por atrás (no necesariamente de tipo anal) son muy intensas porque el pene puede llegar a rincones insospechados incluso podría lastimar, de modo que la pareja debe tener una adecuada comunicación para expresar si les gusta o no. La mujer está muy sometida, lo que puede ser una ventaja para el hombre de hacer y deshacer hasta donde ambos lo permitan. Nalgadas, cogidas del pelo, agarradas del cuello, mordidas o deslizadas de las manos sobre la espalda hasta llegar a las tetas son acciones que enriquecen el repertorio para diferenciarlo de la bailada de un ordinario reggaetón. 


Un buen sexo oral hace que una pareja pase de ser “bueno” en la cama a volverse un prototipo de “encoñador(a)”, por eso con el 69 siempre se va a la fija. Aunque ya hay un par de post dedicado por completo a la satisfacción oral, incluyo en este el 69 porque no se trata de hacerle sexo oral al otro, sino hacerse sexo oral juntos, lo que conlleva otras implicaciones. En esta pose lo principal es volver al otro loco de placer manoseándolo, explorando sus zonas más intimas, estando atento de los gemidos y la respiración entre cortada que indica el ritmo y los lugares correctos. No hay que preocuparse por el orgasmo, porque si se hace sin afán, el camino estarás más que listo para cuando eso suceda. 


Por último, están las poses en donde ambos están sentados -y todas sus variantes- la cual es en mi opinión de las más apasionadas, puesto que lo importante es la compenetración y el acople de los cuerpos, no el ritmo ni la velocidad; toda la espalda está dispuesta para que el otro la toque, la  masajee y la arañe; la boca queda a la altura de la nuca y las orejas, por lo que es el momento indicado para morder, oler y expresar en palabras y gemidos todo lo que  están disfrutando. Las tetas de ella están listas para ser estimuladas con las manos y la boca, el hombre puede tocar en el clítoris a la mujer mientras ésta mira como lo hace o ella tocarse mientras él observa como le gustaría ser tocada. Se puede agarrar el pelo para tener más acceso al cuello y su olor, al quedar los dos de frente se crea el momento perfecto para un beso que llegue hasta las entrañas.


La pareja poco a poco va sintiendo la necesidad de conocerse juntos y de brindarse mutuo placer, lo que conduce a que busquen nuevas y diferentes maneras de saber por dónde les gusta más y de qué forma, siendo normal que, sin percatarse, realicen todas las posiciones alguna vez imaginada por Vatsiaiana

Pero una buena revolcada no es repetir robóticamente un manual de instrucciones pues las posiciones en sí mismas no son garantía de un entendimiento pleno en el aspecto sexual con el otro así generen sensaciones extremadamente placenteras. Es un tema que depende más de la flexibilidad de la mente que de las piernas, de poder sentirse y leerse para encontrar el punto preciso en el que cada uno se disfruta al otro al momento de bailar al ritmo del sexo.