jueves 28 de octubre de 2010

Catres en reversa

Es un post anterior escribí lo que consideraba era un buen catre y concluía que esos dotes dependen del encuentro que tengan los implicados y no del desempeño de uno solo. En una noche de mal sexo, la culpa tampoco lo es, porque es una relación de mínimo dos personas donde convergen personalidades, experiencias, traumas y expectativas por lo que cada uno tiene la responsabilidad de pasarla bueno, aunque a veces, el que resulte mal, sea simplemente falta de actitud o positivismo.

Empecemos desde el principio. Si no hay ganas, es muy difícil que pase algo; así sea el mínimo pensamiento morboso que ayude a aumentar la líbido, todo se torna aburrido y lo único que se desea es que se acabe rápido para poder dormir. Las ganas, o mejor dicho, la arrechera que se siente por el otro es la señal corporal que indica que las cosas pueden salir bien. En el caso de las mujeres, el deseo se siente desde la vagina cuando se percibe cómo se irriga la sangre en los labios y el clítoris y todo se vuelve más jugoso gracias a la humedad. Esto permite que haya recepción tanto física como mental de cualquier cosa, y es por eso que así se apriete para sentir dilatación o incluso convencerse de sentirla, es poco probable que el otro pueda realizar un buen performance así sea un acróbata pervertido.

Como todo lo que empieza mal termina mal, o lo que es peor, no acaba nunca, en las cuestiones de la cama es fundamental tener gustos parecidos en lo que están dispuestos a hacer o no y esto es una lotería sobre todo en el sexo "casual y grosero". La follada puede llegar a convertirse en una experiencia terrible si al que le gusta el misionero style le sale, como decía antes, el acróbata pervertido, o si el más tradicional se topa con un sado, o –y para ponerla más dramática- al que la Biblia es su Kamasutra, le salen con la propuesta de hacerlo contranatura.

Otro asunto que complica la faena no es algo de “experiencia” o de “capacidades amatorias”, sino de aquellas coincidencias desafortunadas que tienen que ver con el tamaño. No me refiero al síndrome del pene pequeño y menos al micropenis, hablo de que así como los hombres lo tienen de diferente tamaño, grosor, textura, color y olor, las vaginas también difieren entre sí y algunas son más profundas que otras. Así los dos se muevan rico, una verguita en una cucota puede resultar imperceptible y una vergota en una cuquita estrecha puede afectar hasta el cuello uterino. Lo ideal entonces es que el pene se ajuste perfecto, algo así como pene largo + vagina profunda, pene corto + vagina pequeña y demás combinaciones que garanticen un encuentro delicioso para ambos. A falta de un buen coito, el sexo oral –en ambos casos por supuesto- puede salvar la noche, pero hay quienes ni lo uno ni lo otro ni nada, y eso es verdaderamente frustrante para el otro que lo quiere recibir o lo quiere proporcionar.

Para rematar cualquier noche tétrica está el post-sex. Mucho y muchas creen que por no tener “acción” significa que no es sexo como tal, y pueden echarlo todo a perder por no ser asertivos con la actitud cortando cualquier posibilidad de "repitis"; es decir, si el acto merece segunda ronda, hay que ganársela no volteándose cuando el otro quiere un abrazo o abrazando cual calamar cuando el otro quiere un espacio para sí. Esto puede no ser sencillo, pero observando detenidamente los mensajes no verbales, se puede inferir un poco lo que el otro quiere.

Eso sí, hacer lo que uno quiere y poder decir no a lo que no desea, es primordial para sentirse a gusto consigo mismo y por ende con el otro. El poder de elegir la forma como quiere vivir la sexualidad es de lo más gratificante y satisfactorio que alguien puede experimentar y así la relación sexual sea de dos, con sólo uno que quede insatisfecho con lo que hizo o se dejó hacer, es suficiente para cualquier intento por pasarla bien acabe muy mal (si es que acaba).

lunes 25 de octubre de 2010

Sexo con GPS

Para las ganas siempre hay un sitio e indiscutiblemente hay sitios para todas las parejas. La cama siempre será la reina de la comodidad, hay espacio para los dos, después de se puede considerar recuperar el propio, los riesgos de accidente se reducen en un alto porcentaje o al menos el golpe se amortigua mejor y queda fácil el soñado arrunche de algunos. Sin embargo entre la recursividad y la elasticidad se ha ido variando la oferta de lugares para follar, desde los que se escogen por cumplir una fantasía, hasta los que son producto de una arrechera incontrolable.

No sea ridículo, la calidad del polvo no depende del lugar sino de los protagonistas. Es por esta razón que cualquier lugar es un perfecto escenario. Pensando en los que tienen el espíritu de actores porno, los lugares públicos son su mejor opción. Cines, discotecas, clubes, centros comerciales; infinidad de sitios para deleitarse, y preguntarles la razón por la que así lo prefieren es obtener por respuesta, casi siempre, que el vértigo de que los puedan ver, pillar y saber que están haciendo cosas socialmente prohibidas, los excita. Un escrupuloso no podría siquiera intentarlo y a una virgen dele primero la noche romántica y espere a que se le desate el furor.

Para empezar a improvisar se puede echar mano de los lugares cercanos, es decir diferentes sitios dentro de la casa. La cocina, la sala, el comedor, el lavadero, el baño, el clóset (puede resultar excitante), los otros cuartos y hasta el balcón si el asunto es de agotar el último rincón del apartamento. Esta práctica lo entrenará para adecuar su anatomía a los distintos desafíos que posiblemente tendrá en el futuro.

El aventurero, boy scout, que no sufre de dermatitis con la grama, pasto, césped y que se desvive por los olores del eucalipto a las dos de la tarde, tiene a su disposición el mundo entero para usarlo como, literalmente, nido de amor. Una carpa de camping, el mantel de cuadritos rojos y blancos con la cesta de caperucita roja y una botella de vino tinto, parece sacado de una película gringa de adolescentes pero es una opción cuando de experimentar lugares se trata. Asegúrese de tener una pareja igual de todo terreno que usted, el pasto y sus punticas puede resultar molesto y hacerle pasar un momento muy desagradable, eso sin contar con los mosquitos o un sonido sospechoso alrededor.

Por alguna extraña circunstancia, que podría estar ligada con lo cómodos que nos sentimos los mamíferos en el agua, buscar tinas, piscinas o el mar para follar se ha vuelto muy recurrente. La sensación de peso ligero y la facilidad para realizar más poses de lo usual, en seco, empujan a las parejas a hacerlo en lugares como éstos. Aunque a veces la tina no resulte tan cómoda, el mar haga estragos en la piel y la piscina tenga que ser privada; el agua será un escenario con un alto número de admiradores y usuarios.

Los “quickies” o “rapiditos” son una opción para quienes están urgidos y no comen cuento de los previos y posts, es producto de una excitación pasajera y de solución mediata. Puede terminar en fracaso si la ropa no colabora con la velocidad deseada. Se debe tener un grado de confianza con la pareja y por supuesto el lugar no tiene importancia. Desde el garaje de una casa hasta el cuarto de algún amigo en parranda.

Sepa escoger bien la pareja y el lugar para desatar su furia sexual, así como podría llevarse sorpresas muy desagradables, podría experimentar sensaciones inigualables. Recuerde que no importa que las cosas sean perfectas, sino lograr un equilibrio que deje a los dos, o más, completamente satisfechos y con ganas de repetir.

domingo 17 de octubre de 2010

De la ingenuidad a la satisfacción



El tema sexual está sumamente trillado en todas partes, incluso, los sentidos se bombardean continuamente por imágenes, sonidos, sabores, texturas y olores que se asocian fácilmente con la sexualidad. Cada vez se vuelve más fácil entablar alguna conversación donde la sexualidad esté involucrada, lo cual denota cierta apertura ante ese tema. Sólo se complica cuando dicha conversación se tiene que tener con algún niño curioso y preguntón.


Desde el principio de la vida, los bebés son conscientes de las sensaciones y cómo las percibe su cuerpo; se dan cuenta que no es lo mismo cuando la mamá le consiente la espalda, se chupa el pie o se toca la rodilla o la vagina o el pene. Tanto para el pequeño como para muchos que leen este escrito, esta conducta puede parecer muy “normal”, pero para la madre o el padre que ve a su “angelito” profanando su “cuerpecito” y que demás disfruta de eso, su primera reacción es quitarle la manito, cortarle todo el placer e incluso hasta pueden llegar al extremo de decirles “cochino(a)”, “eso no se hace”, “¡Caca! ¡Caca!”. Esta reacción le va indicado al niño o a la niña que hay algo “malo” en eso que se siente tan bueno y se vuelve incongruente cuando se percata que su ambiente está plagado de eso prohibido y que hasta la misma persona que lo cohibió está involucrado.


El desarrollo sano de la sexualidad se realiza por medio de la curiosidad, en donde los niños y niñas preguntan, observan, manipulan, descubren o fisgonean; y por medio del juego, en el cual tienen la oportunidad de explorar, imitar e identificar aquello que tiene que ver con el sentir placer, ternura, intimidad y afecto. A eso de los tres años, el lenguaje, la imaginación y la curiosidad son los peores enemigos de esos padres inhibidos y castrados en su propio desarrollo sexual, pues cuando el niño o la niña empiezan a darse cuenta que algo “no les cuadra” en su explicación del mundo, simplemente lo pregunta, sobre todo lo relacionado con la sexualidad. Si ese padre no está preparado par enfrentar y responder claramente las inquietudes de su hijo o hija, lo más probable es que se generen más dudas que incrementará la curiosidad y expondrá a los pequeños a buscar respuestas en televisión, Internet, amigos y vecinos igual o peor de ingenuos e ignorantes. Para este tipo de situaciones, siempre habrá una canción de reggaeton que vuelva algo tan hermoso como lo es la sexualidad en un tema grotesco, sexista y carente de cualquier valor.


Para una adecuada educación sexual es fundamental hablar con la verdad clara, sin ambigüedades ni distorsiones y acorde a la edad y entendimiento del pequeño. Para eso el adulto tiene que ser muy conscientes de su propia sexualidad, si se siente cómodo con ella o si hay algún tema que todavía es vetado en su propia práctica íntima. También es obvio que un niño o una niña tendrán más confianza para contarle y/o preguntarle a su madre o su padre si sabe que se puede acercar a éste de forma auténtica sin miedo a recriminaciones ni prejuicios. Eso sí, hay que indicarle a los pequeños qué pueden hacer, con quién y en dónde, explicarles lo que es privado y lo que no y qué hacer en caso de que alguien (sobre todo otro adulto) les invite o haga algo de lo que no sienten muy cómodo. Esta es la mejor forma para prevenir el abuso sexual sin siquiera nombrar la palabra “abuso”.


Para un sano desarrollo sexual no hay que equiparar la sexualidad de los niños con la de los adultos, pues lo que hacen y sienten los niños no tiene el mismo significado que lo que pasa con los adultos; lo que hacen los niños y las niñas es provocado por la curiosidad, y luego de saciada, no les volverá a interesar hasta la adolescencia. De resto, cualquier experiencia con el propio cuerpo es algo necesario para una sana sexualidad, incluyendo la representación mental que se haga de eso, es por eso que hay que empezar desde las generaciones más pequeñas a promover la responsabilidad y el adecuado uso del cuerpo para la satisfacción sexual y para experimentar placer, ternura, intimidad y afecto que traerá consecuencias muy gratificantes en el futuro.