
Desde mi limitada experiencia y mi humilde opinión, las palabras mienten, los gemidos no. Y cuando se está allá abajo de lo poco que se percata uno es de la respiración agitada y lo único que se puede ver es como aprieta los puños como si se tratara de sostener, además de cómo se le estremecen las piernas a ese hombre sometido por unos labios bien usados.
Hay que aceptarlo, estar en frente de un pene puede ser algo intimidante, sobre todo cuando no se sabe qué hacer con sus dimensiones, ni qué sabor tiene, ni a qué huele, por eso previamente hay que entrar en el mood mamador para que a ambos le parezca placentero, pues si el que lo proporciona no lo disfruta, el que lo recibe menos y esto es básico para cualquier intercambio humano. De entrada entonces, tiene que gustar su olor, y no estoy hablando de si se puso Boss o Aqua de Armani antes de salir de la casa, sino el olor de su verdadera esencia, la literal feromona. Esto es fundamental, porque si no es agradable como huele su cuello o detrás de la oreja, pues no se apreciará el almizcle de su entrepierna. No se chupa helado con la nariz tapada, sería muy incómodo y totalmente opuesto a lo placentero.
Cuando se ha pasado el filtro del olor, el resto es más fácil, porque lo que se quiere es comer al semental entero, literalmente. Se desea fundirlo dentro de la piel pero siempre faltan manos, boca, lengua, piernas para abarcar todo su cuerpo y recorrerlo poro a poro; es ahí cuando se decide tomar el toro por los cuernos (el cuerno) y domándolo como más le gusta. Algunas mujeres consideran que a los hombres les gusta es que se lo aprieten, y para eso estamos diseñadas con muchas herramientas corporales, que utilizadas con el propósito de cortar un poco la circulación pueden lograr una blanqueada de ojos muy satisfactoria para ambos, como son las manos, los dientes, hacer vacío con la boca, los músculos de la vagina y los del ano.
Una mamada también incluye acariciar el pene con la cara o ponerlo entre los senos o en el cuello, o dónde sea, lo importante es querer al miembro, sentirlo por toda la piel, darle a entender al dueño que nos encanta su juguete, que lo queremos para nosotras y que nos excita y lo deseamos. Si esto es cierto, el sexo oral se vuelve placentero para ambos y probablemente la mujer quede con buenas referencias y él quede pidiendo más.




