Conozco a Miguel desde hace muchos años. En varias ocasiones nos hemos encontrado en nuestra vida pues él era el amigo de mis amigos del colegio y compartimos fiestas de 15, de 16 y grados, y ahora en la universidad, nos cruzamos en alguna que otra materia y, aunque siempre hubo miradas coqueta de parte y parte, nunca se concretó nada más allá del saludo, la prestada de cuadernos y narrada de banalidades acompañados de una cerveza en los bares del frente de la universidad.
Pero esta noche cambiaría el transcurso de aquellos encuentros furtivos de pasillo y biblioteca. Y no porque quisiera enamorarme o enamorarlo, que en efecto, era lo que menos pretendía y menos de un tipo como él, pues por aquello de compartir amistades, sabía lo hablador que era y lo poco leal en sus relaciones de pareja. Cambiarían muchas cosas, y sobre todo en mí, porque me daría cuenta que no sólo se desnuda el cuerpo en este tipo de encuentros, el alma también lo hace un poquito y es ahí donde uno se da cuenta qué tipo de persona tiene en frente y sobre todo, quién es uno frente a esa persona.
"Miguel acaba de iniciar sesión"... cuando leí esto lo primero que pensé fue que el tipo estaba bueno y que "aguantaba finca" como dicen por ahí. Mi siguiente pensamiento fue que estaba sola, pues mi roomate estaba de vacaciones. Mil imágenes se me pasaron por la mente, imágenes mías con él que me hicieron la boca agua y más... No resistí, y como el pudor no es una de mis cualidades, le hice la propuesta y él, ni corto ni perezoso, aceptó.
En lo poco, mucho o nada que sé de este tipo de encuentros, es que los dos sabemos a lo que vamos y no nos ponemos con preámbulos chimbos. Tal vez la excusa de ver una película o prepara comida disimule las intenciones, pero si no se va con la mentalidad de que cualquier cosa puede pasar, pues estamos muy equivocados.
Por eso, una hora antes de la llegada del comensal y para que no se notara la necesidad, me paré del computador y comencé a alistar las armas: depilada completa, un poquito de plancha en el pelo, ropa interior sexy, ocultada de objetos obsoletos del cuarto (como peluches y la foto del ex que no he quitado) y lo que nunca debe faltar: cajita de condones en la mesa de noche por si acaso al otro se le olvidan. Teniendo listos los implementos para la faena, procedí a esperar.
Yo no quería amor. Yo quería sexo. Quería tocar con mis manos ese cuerpo que se le intuía a través de la ropa y apretar ese culito de gimnasio que tanto llamaba mi atención cuando me hacía atrás de su puesto. Quería que me hiciera llegar a donde siempre llegaba con él en mis fantasías, pues tenía todo el perfil físico que me indicaba que era un buen catre.

Llegó el chico y olía delicioso, lo cual es muy importante porque activa no sé qué cosa no sé por dónde; y no sólo que huela a loción, sino a ese olor a él mismo debajo de su oreja y entre sus piernas. Llegó con “snacks” y unas cervezas, pero no me dejó terminar de destaparlas cuando me abrazó por la espalda y me beso el cuello que muy minuciosamente había dejado al descubierto. Se me erizó medio cuerpo y se me calentó la sangre, pero para poner un poco más de misterio y aumentar la ansiedad, le dije cualquier cosa y muy disimuladamente me solté.
No llevábamos ni media cerveza y ya nos estábamos dando los besos más excitantes de todos. A mi gusto, prefiero no ir muy rápido y esperar a que el cuerpo sea el que decida y no la cabeza, pero al parecer él preferiría lo contrario y en realidad no le di mucha importancia. Manos van, manos vienen y lo acosté en la cama. Me desvistió de una y ni me dio tiempo de quitarle la correa completamente. Como me imaginé, esa lengua llegó a sitios casi vírgenes que me hicieron desearlo mucho más. Ahora seguía mi turno. Empecé desabotonando la camisa y besando la piel que iba destapando y así bajando hasta tenerlo totalmente desnudo en mi mano y en mis labios.
Llegó el momento en el que no soportó más el rol de sometido, así que me volteó y como estábamos que nos metíamos uno dentro del otro le pregunté si traía condones. Me dijo que no, lo cual me dio muchísima rabia. Me dirigí a sacar mis reservas y ahí llegó el momento crucial: me dijo que él no usaba condones. Me senté y le pregunté con cara de indignación que entonces cómo hacía, y sin para de besarme ni de tocarme, me contestó que él no usaba eso. Me aparté y le dije que sin condón yo no hacía nada y él, casi con el mismo esfuerzo con el que fue a mi casa, se vistió y se fue.
Diez minutos después yo seguía sentada en el borde de mi cama tal y como me dejó: con los ojos abiertos y desnuda. Repasaba en mi mente escena por escena para tratar de dilucidar qué había pasado y si de pronto había dicho o hecho algo incorrecto. Debo confesar que en algún momento me sentí mal conmigo misma, pues creía que el problema era mío por tal vez ser “complicada” o “desconfiada” y hasta llegué a pensar que lo había ofendido o algo así.

Después de pensarlo minuciosamente al poco tiempo comprendí que hay que protegerse y prevenir para gozar mucho y muchas veces, y eso lo tenía como un Principio Sexual. Simplemente no iba a dañar mi integridad como mujer sólo porque no coincidía en preferencias con un buen polvo, pues polvos pueden ser muchos, y yo, como mujer que los disfruta, soy la única que puede cuidar de mí misma.
Desde entonces, tengo muy presente qué quiero con cualquier hombre que se aparezca en el camino de mi vida. Procuro ser clara aunque sea conmigo misma en cuanto a las pretensiones con las personas, e intento no tomarme nada de lo que el otro haga o diga como personal. Calculo el siguiente paso para contemplar la mayor cantidad de posibilidades y elegir la que mejor se adapte al momento de mi vida actual. Vivo mi sexualidad plenamente, sabiendo que soy yo la que decide por mí así en ocasiones me equivoque.

un amigo mío dice que los condones son un MITO!!! a mi también me da rabia cuando no llevan condones, y les digo, ah no, eso no es mi trabajo!!!
ResponderSuprimirSin condón ni la japa me hago!
ResponderSuprimirMe gusto y por si acaso...yo si uso!
ResponderSuprimirjuaaaaaa mucho neardental!!!
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